10 febrero 2012

Máxima Tribulación (Parte I)

Un duelo seco de tan impalpable
miradas de generala 
lanzadas al mar*, al encuentro revuelto

Sentí por momentos el pecho estallado
"pero estas luces son de watts loco" 
y extraño tanto el sol

El sueño de convertirme en hombre
ser humano y traspasar 
los límites de la carne trajeada 

Me acuerdo
en estas horas inciertas
de mi impuntualidad ante la vida

Llegué tarde 
y te explico porqué:
estaba atravesada 
















*(el mar...casi como el tiempo)


05 octubre 2011

resumida en media carilla


a Bucowski: no te cito Charles, pero acá estás

volvió a escupirme
yo pedía perdón

con el rabillo del ojo
miraba a un arbolito
por la ventana

mientras me pegaba
pensé
"le falta agua a esa planta"

como encender un porro con un cerillos


así de larga va a ser nuestra espera
del batir de palmas en un show
al aterrizaje forzoso de un jet

mientras axel krygier viva
siempre estaremos en la pista

27 septiembre 2011

ANFIBIOS


Paseo mítico

por el murallón

el gueto permanece alerta


Los guardianes de pie

imponen el metal, el frío


Ella canta, llora

pasiva en el horror


Su hijo

calladito y pálido

agachado busca refugio


Eligen a cuatro


La madre tranquila

va


Se levanta,

emprolija su cabello


Con la mirada atenta

cuida una última vez

de su niño


Consigue distraerlo

con el vuelo de un gorrión

que antes del disparo

se elevó por sobre el campo

25 septiembre 2011

Versos para Marzen

Justo hoy me puse a revelar unas fotos,

las de tu jardín.


Las saqué mientras vos dormías.

Y seguiste durmiendo.


...esa música

vuelve

como un murmullo

tu presencia


Estarás en las hojas

en las ramas más al sur


Y volveré a tu encuentro

cada vez más sutil y frágil

como una mañana de invierno

20 mayo 2010

Y sí

Sólo resta terminar este vino tinto
y lamerme como un gato
aunque no tenga
lengua áspera
severa es mi condición

Bueno, puedo ir a hacerme otro bocado de chorizo seco y papa frita también

18 junio 2009

FUJI 36

f/2.8
Se me ocurrió mandar a revelar los tres rollos Fuji que el domingo, limpiando mi cuarto, había encontrado entre cuadernos y apuntes viejos de la época en que cursaba el CBC. Me puse las zapatillas y caminé rumbo a Azcuénaga sin tener la más mínima idea del contenido de esos negativos. Para mi sorpresa el japonés del mostrador era el mismo que atendía hace diez años. Como si el tiempo no hubiera pasado, el hombre tenía exactamente el rostro que yo recordaba.
Volví a los tres días con una intriga feroz, ¿con qué clase de imágenes me encontraría?, ya no podía sostener la espera y las últimas dos cuadras antes de llegar al negocio las hice al trote. Agitada entré al local sin saludar al japonés y saqué del bolsillo el papelito con el número para que fuera a buscar mis fotos. Mientras el tipo abría un armario yo preparaba los billetes para pagarle lo más rápido posible. Regresó al mostrador sin expresión alguna, y al observarlo advertí que sólo traía un álbum entre sus manos.
- Salió un rollo, dijo al ver mi cara desilusionada.
- ¿Y los otros dos?
- Velados.
Hasta hace tres días desconocía la existencia de esos rollos, sin embargo la pérdida de esas posibles fotografías me tiñó de una leve tristeza el ánimo. - ¡Qué lástima! -dije con un hilo de voz- ¿cuánto es entonces?
Pagué y volví a mi casa desanimada. En lugar de ir mirando las fotos en el camino, que es lo que hacía siempre en las épocas en que las fotos se mandaban a revelar, me prendí un cigarrillo.
f/4
Cuando entré en el departamento arrojé sin cuidado las llaves y el álbum sobre la mesa y saqué del freezer una botella de jugo que no había llegado a congelarse. Después fui al baño a lavarme las manos, me miré al espejo los dientes y se me antojó cepillarlos. Cuando escupí la mezcla de saliva y dentífrico por tercera vez me percibí tensa y molesta. Sin ánimos verdaderos me incliné por una masturbación eficaz para relajar el cuerpo. Volví a lavarme las manos y me senté en la mesa a descubrir el contenido del rollo sobreviviente.
No alcancé a sacar una fotografía entera del sobre cuando supe que ese fragmento de piel era suyo. Derramé las fotos sobre la mesa y un inesperado vértigo me inundó el medio del pecho.
Eran todas fotos de Leo, fotos que le saqué una noche en la que fuimos muy felices.
f/5.6
Podía recordar con precisión el olor de su cuerpo después del coito. Me miraba con ojos cansados por el ajetreo del amar, "estuviste increíble" repetía, y su fatiga era plácida, llena de alegría. Yo me reía y desnuda lo incitaba a más, le mordía el cuello, le chupaba la oreja. Él me dejaba jugar, y al observarlo agotado lo dejaba tranquilo. Ahí fue cuando fui a buscar la cámara, me acuerdo clarito. Disparé las treinta y seis fotos del rollo casi de un tirón. Se reía porque pensaba que estaba loca y el eco de esas risas se quedaba vibrando en las paredes vacías de mi habitación.
No hice ningún esfuerzo, los recuerdos se presentaron con naturalidad. Empecé a llorar sin control. ¿Qué sería de la vida de Leo? ¿Por qué no hubo más encuentros? pero sobretodo me preguntaba ¿Por qué diablos lo había dejado ir y por qué él tampoco había hecho nada?
Angustiada, triste, extrañamente desahuciada le daba paso a las lágrimas para empaparlo todo con la esperanza de que se lleven en su caída esas incómodas sensaciones. Estuve así un buen rato hasta que los temblores de mi cuerpo amainaron y la respiración dejó de entrecortarse.
Inevitablemente retornó la calma y me detuve sin dramatismo a observar cada fotografía. La mayoría de las imágenes eran abstracciones: un hombro fuera de foco, la sábana cubriendo una fracción de muslo, los pelos púbicos. No daban ni para arte, eran pedazos de amor en su mayoría mal expuestos.
Pero una me hizo sucumbir al llanto nuevamente, otra vez la fastidiosa catarata de gotas. La imagen pertenecía a un primer plano de su rostro dirigiéndome la mirada, riéndose con delicada ternura. Un hermoso regalo sin dudas.
f/8
Después de Leo estuve con otros hombres, incluso mantuve una relación más o menos seria a lo largo de todo un año con un francés que estaba estudiando en el país. Pero amar... no supe hacerlo con nadie más.
Una semana más tarde me encontré yendo a su casa con un sobre en la mano. Adentro estaba su foto (una copia ampliada) y una breve nota que decía "gracias por darme lo mejor".
No sabía cual era el fin de aquel acto. Me limité a seguir el impulso.
Los días pasaron mansamente, yo esperaba una respuesta de parte de él, una señal, una llamada telefónica tal vez. Nada de eso sucedió hasta ahora.
CLICK
Ayer volví al local del japonés, recordaba haber visto en la vidriera un cargador de pilas a buen precio que me hacía falta. Cuando llegué a la puerta y ví el cartel me quedé dura: "Cerrado por duelo".